martes, 15 de noviembre de 2016


Nepal y la gente que pierde su nombre por un puñado de dólares

Cuenta un cuento que existen zonas rurales en Nepal, en donde llegan hombres que con labia por bandera...- entro en sueño -

Me imagino una zona muy verde en las montañas, con una casa fría sin color definido que escupe humo por lo que parece ser una salida de aire en su parte superior.

Un hombre de edad indefinida y piel seca sale cabizbajo con bastón en mano por una pequeña puerta de madera carcomida. Allí un montón de niños con mejillas rojísimas corretean y sí, visten jerséis de lana de color azul claro, amarillo y rojo chillón.

Cada uno de aquellos jerséis llevan un nombre estampado en su espalda, seguro que han sido heredados de algún blanquito que un día encontró la manera de limpiar su karma, así que me doy cuenta que yo podría ser ese mismo blanquito.

Cuando bajo la vista me doy cuenta que la mayoría de ellos van descalzos, eso sí, visten pantalones azul marino trazados bajo el mismo patrón con cierto aspecto polvoriento.

Ahora el hombre cabizbajo que ha salido a la puerta de su casa, empieza a hablar con unos señores que vomitan humo por la boca, pero por desgracia es de esos que nunca se evapora. Sí, son aquellos hombres que venden futuros venideros, llenos de alimentación y enseñanza bajo custodia de quien entiende de dinero.

Ahora me imagino paredes grises llenas de un hollín que, sin recuerdo de humo, se resisten a abandonar a quienes se quedaron sin nombre. Veo esos mismos niños, con los mismos jerséis color azul claro, amarillo y rojo chillón, pero ya sin nombre estampado en sus espaldas. Ya no puedo ver si llevan pantalones azules o zapatos, pues ya no tienen ni energía para corretear por unas calles que no existen dentro de esas cuatro paredes.

Mientras, allí en el exterior, en donde aún existen el nombre de las calles y las personas, veo un grupo de jóvenes que con bolsillos anchos se toman fotos frente al edificio, como si de un nuevo monumento a la “humanidad” se tratara. Al momento que envían de forma viral cada una de esas imágenes para cada uno de aquellos a los que les tengan que demostrar algo. De nuevo la limpieza del karma se avecina a la vuelta de la esquina.

Y como no, no mucho más lejos de esas esquinas, unos hombres siguen vomitando dólares y pudiendo recordar como mucho su número de cuenta, se plantean volver a coger rumbo a las montañas.

Me despierto y una vez más me pongo la canción que cada día me ayuda a levantarme con más ganas. Es el Syndicate de Bipul Chettri. Intento pensar que fue un mal sueño y no el recuerdo de una charla que allí en el Barrio de Thamel de Katmandu, se hablaba de “Orphanage Trafficking”.

La verdad es que no entiendo lo letra de la canción, pero no sé cómo, pero puedo volver a ver los niños y no tan niños corretear sin preguntarse por la libertad o no de esas calles. Tal vez soy un iluso pensar que fue un sueño; pero la verdad es que nadie conoce la realidad de nada.

A veces a uno no le queda más opción que compartir lo que es y no buscar en el hombre a alguien que le lleve a aquel sitio, que le permita conseguir lo que aspira y no tiene.


sábado, 12 de noviembre de 2016


Aclaraciones

A veces la gente me pregunta si realmente soy feliz cuando viajo. Algunos de mis escritos pueden denotar cierta indignación o desaprobación con el mundo en el que a uno le toca vivir. Pero tomaros el tema como una terapia personal, pues es el ejercicio mediante el cual uno se puede desprender de todas aquellas cosas que de manera directa o indirecta le hacen perder el sentido de la vida; que en el fondo no es más que “vivir”, eso sí, en la totalidad de su significado. Un hecho que desgraciadamente a menudo olvidamos.

Existen demasiadas cosas que nublan nuestra cabeza y que nos impiden vivir por vivir, sin necesidad de marcarse ningún objetivo más. Así que quieras o no, gracias a poder escribir todas aquellas cosas que retumban demasiado en tu cabeza, le ayudan a uno a sentirse mejor con uno mismo.

Algunos pensareis que el hecho de que este en Nepal actualmente va relacionado con todo ello, tal vez esa necesidad de seguir aquellos que buscan su “iluminación” al momento que se van desprendiendo de todo aquello material que les rodea. Aquellos que buscan olvidar la palabra “apego” de su lenguaje para evitar el sufrimiento y conseguir asimismo la ausencia del ego.

Pues la respuesta es “no”; soy abstemio a los dogmas y sin querer parecer egocéntrico, la fe la centro en mí mismo. Desde hace años pienso que somos egoístas por naturaleza, pues el egoísmo en el buen sentido de la palabra es innato; todo lo que hacemos lo acabamos haciendo por satisfacción propia, lo cual no implica que cada una de estas acciones, no comporten la satisfacción de los demás.

Sigo pensando en estandartes tales como; “toma de la vida lo que desees, y no olvides que todas las noches de tu vida son igualmente importantes y que todos los días son tuyos para que los aproveches”, lo cuales podrían parecer una apología al individualismo.

Pero esto no impide a que busque el contacto con lo que me rodea, pues no busco una distancia emocional frente a ello, por miedo a pensar que eso será objeto de mis deseos. Con lo cual vivo solo con la idea de vivir y por ello no tiendo a ocultar mis emociones hacia lo que está frente de mí, pues ya hace tiempo que perdí el miedo a querer y a ser querido.

Tal vez todo esto pueda parecer un juego de palabras sin significado, pues a menudo nos expresamos mejor si prescindimos de las palabras. Pero como ahora ya las tomé, no tengo vuelta atrás. Con ello me viene a la cabeza una canción que decía “Yo hago canciones”; para mí un canto a la alegría de quien no tiene miedo a contar sus tristezas pasajeras.

Yo ahora pensaré que sólo hago escritos…aunque se remueva tristeza, indignación, EMOCIÓN, no penséis que estoy siempre igual…pues el resultado de poder expulsar todo esto, te compensa con una máxima plenitud emocional.

Desnudaros de una vez por todas, pues todo es mucho fácil si uno pierde el miedo a ser visto tal como es.

Y que quede claro, que amo de igual manera la tierra, el mar, el aire, el cielo…y la especie humana; eso sí, sin lugar a dudas la más complicada, pues la escritura lleva al libre albedrío de su interpretación.

Prometo más aventuras y desventuras por Katmandú en el próximo post, pero antes necesitaba desprenderme de todo esto…



martes, 8 de noviembre de 2016


Camino por la muerte o la nueva vida

Al recordar lo que había escrito estos dos últimos días me daba cuenta que existían dos grandes temas; por una parte, esa tal vez huida de las obligaciones sociales para conseguir con ello recuperar sentir las cosas de forma más primitiva y por otra el pensar que si el ser “humano” estaba intentado transmitir estas obligaciones a los animales que le rodeaban.

Curiosamente al cabo de unas horas de que esto pudiera pasar por mi cabeza; en una de esas huidas al Café americano de las mañanas, unos nuevos amigos me invitaban a ir a Pashupatinath; más conocido como el templo del Dios de los Animales para el que siente o como el Crematorio de Katmandú para el frívolo.

Curiosamente ese fue el lugar que escogió Shiva para adoptar la forma de un ciervo y así huir de sus obligaciones divinas, del aburrimiento de su brillante palacio del Kailas…

Muchas contradicciones machacaban mi cabeza durante ese camino hacia el templo, pues no acababa de separar lo cultural de su visita, de la morbosidad del ser humano de ver la desgracia ajena frente de sí.

No me imagino estar celebrando el funeral de un familiar y encontrarme un sinfín de imbéciles desconocidos haciendo fotos a cien metros de distancia como si estuvieran presenciando el combate entre la vida o la muerte bajo llama ardiente que desvanece un cuerpo querido.

Por suerte nuestra llegada fue por el monte, por la zona de las cuevas en donde viven los sadhus; esos hombres sagrados que se dedican a la meditación, a su liberación. Sadhus que visten ropajes de color azafrán, representando la sangre de Parvati y la virtud de la renuncia. Sadhus que luchan por deshacerse de sus ataduras y cosas de valor para así hallar la iluminación.

Sadhus que se convierten en Babas (padres) para aquellos chicos huérfanos, que encuentran en aquellas cuevas un sitio donde aprender a compartir; un sitio donde se les permite sentir el calor familiar con los demás sin coincidencia de sangre.

Allí viven juntos ayudándose con lo que pueden, mientras cantan y recitan oraciones que les hace sentir que están más vivos que nunca, de manera que ven remontadas sus ganas de vivir, al sentir que no están solos en el mundo, pues hay una comunidad que les arropa sin nada a cambio.

El paso de los minutos en esas cuevas me hace sentir bien, al momento que observo las cuevas de Naropa y Tilopa, una al lado de la otra, en dónde maestro y discípulo meditaban juntos. Pero a pesar de la magia del momento en donde se une esa tierra de buena gente junto a árboles verdes y ese rio Bagmati; existe cierto olor a sándalo embriagador que te seduce, al momento que enmascara lo que está realmente pasado allí abajo.

Sí, son esas humaredas que allí en los Gaths parten de cada una de esas piras funerarias que siguen ardiendo, al momento que consumen la antigua vida de alguien o bien la nueva que llega.

Lo que me hace feliz es pensar que cada uno de aquellos que arden sin ser vistos, fueron llevados allí como último deseo; pues vivos o muertos buscan pasar sus últimas semanas de vida en el templo, ya que se cree que los que mueren en el templo de Pashupatinath renacen como un ser humano, independientemente de cualquier mala conducta que se haya tenido.

Así que no nos vamos a poner tristes, pues la tragedia es lo más ridículo que tiene el hombre; si lloras hazlo por pasión, nunca por fatalidad. Todo pasa por algo en esta vida, incluso la muerte.


viernes, 4 de noviembre de 2016


¿Los hombres, los mejores amigos de los perros?

Sigo andando por las calles de Boudhanath, Katmandú, y me encuentro con un sinfín de perros que deambulan tal vez con el mismo objetivo con el que yo me levanto cada mañana. El objetivo es ver y hacer cosas que me despierten la curiosidad de algo con lo que pensar y entre medio de estos momentos mágicos comer algo; en ese caso es al revés se me despierta el hambre que hay que paliar con algo material, porque con el pensamiento aun no lo controlo.

Me pregunto si tendrán amigos, si los necesitan, si vivirán con sus padres, si se habrán independizado o bien si tendrán un “amo” que les cobije a su vuelta a una hipotética casa. Pero la verdad es que no parece que la gente les haga mucho caso, sólo el necesario para no envestirlos con sus motos, que no paran de flirtear por cada una de aquellas estrechas calles.

Pero una mañana te das cuenta que cada uno de esos perros con los que te habías cruzado el día anterior, aparecen con tikka y collares de flores rodeando su cabeza. Inocente de mi podría pensar que cada uno de sus propietarios (error: sentido de propiedad), se han puesto de acuerdo en hacerles algo especial ese día. Pero lo que realmente está pasando en estos días es que se está celebrando el Tihar; que viene a representar la unión divina entre humanos y otros animales de nuestra naturaleza.

Así que el primer día son los cuervos, a los cuales se les coloca platos en los tejados de las casas. El graznido de los cuervos simboliza la tristeza y el dolor en el hinduismo, por lo que los devotos les ofrecen alimentos para evitar el dolor y la muerte en sus hogares.

El segundo día son los perros que hoy veía; pues los mismos son los mensajeros del dios de la muerte y los que cuidan las puertas de la vida futura.

El tercer día llegará el momento para las vacas, el cuarto hace referencia a los bueyes y el quinto y último será el más humano; humano sólo por el hecho de que tanto unos como los otros emiten sonidos inteligibles entre ambas partes: veneración a los hermanos.

Pero creo que hoy no es momento de hablar de lo bonito que es ese último día, en que el hermano y hermana se entregan tikka o guirnalda de flores respectivamente, simbolizando estrechar su relación bajo una larga vida en común.

Hoy es día de volver a los perros, a las vacas, a cada uno de aquellos animales que son venerados sin importar su procedencia, sin importar si tienen el personaje del “cobijo” que comentábamos antes o no. Pues cada uno de ellos es igual de importante para cada una de las personas que viven allí.

De nuevo un guantazo en la cara de lo que he vivido anteriormente me despierta…

Ando por las calles de Barcelona y veo perros que van atados por la calle junto a quien un día decidió compartir su falta de amor con alguien que no lo juzgara. Perros que tienen nombre y apellidos y que sólo acaban compartiendo con los de su especie momentos contados de conexión o de sexo bajo la mirada del pedigrí del que los vigila.

De nuevo acaba siendo un “yo” y después si eso vuelvo a pensar en mí. - ¡Muy bien, el mundo estructurado nos ataca de nuevo! -. Ahora podéis tener el perro de la hija, el perro soltero, el perro de la familia, el perro de la pareja, el perro del nicho vacío… “Si le falta algo en esta vida tenga una mascota en su casa y si consigue lo mismo con un ser “humano” abandónelo... evidentemente a la mascota, que no se le va a quejar…”

¡Aquí los perros son libres!!! Te acompañaran si lo necesitan, de igual manera que nos relacionamos los “humanos”, si nos aporta la gente con la que estamos seguimos con ello, sino cambiamos de sentido.

Me acerco a un perro y le doy comida, tal vez estoy falto de amor y por eso busco un agradecimiento suyo para que vuelva mañana. Me gustaría pensar que le puedo decir vete, corre, disfruta y sí un día pasas por delante de esta puerta ven a saludar. Yo no te estaré esperando, pero me agradara verte, espero que tu estés feliz de verme, aunque no te de comida.

…tal vez lo primero que haga mañana cuando me levante sea salir a la puerta para ver si le veo, espero que si no lo veo siga igual de feliz…el seguro que lo estará…



martes, 1 de noviembre de 2016


Uno decide su camino, pero no donde lo empieza...

Me levanto por las mañanas y sin ducha alguna, bajo medio dormido por esas calles algo polvorientas en donde los bocinazos de coches y motos, actúan en forma de ese despertador que por suerte ya no utilizo. Subo esas tres escaleras y tras tres pasos encuentro a mi izquierda tumbado un señor que con manto budista me sonríe afablemente.

Está llegando uno de mis momentos del día, olvido el té por unas horas y me pido mi café americano que acompañado de un buen cigarro o dos, me sirve para organizar un día que de nuevo no tiene objetivos marcados. No es que haya perdido las ambiciones o las ganas de hacer cosas, pero espero que estas vayan fluyendo a medida que pasan las horas. De la misma manera que como y bebo cuando me apetece, pienso y actúo cuando una lucecita se enciende en mi cabeza, y si eso no pasa, es porque no lo necesitaba.

Tras el tiempo necesario, acabo escribiendo tres cosas que me pasan por la cabeza; y luego llega el momento en que me seduce bajar allí donde una gran cúpula blanca, sorprendió mi llegada a Katmandú.

Como leía el otro día en un cartel, lo que tenía frente de mi era la Estupa de Boudhanath, según parece uno de los importantes lugares de culto budista del mundo. Boudhanath, el barrio en donde estoy viviendo actualmente, sirvió de sitio de peregrinaje para los comerciantes tibetanos desde hace muchos siglos y actualmente es lugar de residencia para muchos de ellos, a partir de que cierto país opresor les invitara a perder no amistosamente parte de su identidad.

Pero creo que no es momento de empezar hablar de conflictos y nos daremos el gusto de dejar de lado a la China y a su visión del Tíbet como punto estratégico, sumado a los intereses americanos o no para apoyarlo, o bien de aquellos que aún deben mirarse las cosas desde Dharamsala.

Así pues, estamos en un sitio sagrado y a pesar de mi posición atea, declaro mi respeto a no hablar de según qué cosas; así que todo es tan simple como alegrarse de que allí donde mis pies pisan pueda ver gente que, sin importar la procedencia, se unan para mostrar sus respetos frente a un “algo” que les ampara.

Una gente que da vueltas al mismo sentido que las agujas del reloj, al momento que voltean unos molinillos que se encuentran en su parte inferior. Según me dicen dentro de los mismos están escritas las palabras de una oración budista OM MANI PADME HUM miles de veces, de forma que cuando se le da una vuelta, en realidad se están recitando miles de oraciones.

Pero tampoco es cuestión ahora de aburriros con cada una de las partes de esa Estupa, pues para ello ya existen eruditos que lo harán mejor. Pero de lo que no puedo dejar de hablaros, es de esa forma cuadrada de la parte superior, donde en sus cuatro costados están los ojos de Buda.

Unos ojos que ejemplifican claramente que todo lo ven junto a ese tercer ojo de la sabiduría y ese número “1” simbolizando la unidad, es decir, “todos escogemos caminos distintos para lograr el fin último que es llegar al Nirvana”.

…Indudablemente me hago la pregunta ¿Cuál es mi camino?, pero creo que necesitaría tomarme unos cuantos cafés más para contestar.

Al ver todo aquello y sin querer seguir hablando sin conocimiento de causa, se me despiertan de nuevo las ganas de conocer más sobre el budismo; pero no para saber si me puede enseñar el camino, sino por saber él porque una Estupa tiene esa estructura o mejor dicho que nos quieren decir cada uno de los elementos que la componen.

Me acerco a casa y cae en mis manos un libro con el título “Brahmanismo, budismo e hinduismo”. Tras poco más de media hora me doy cuenta que nos es el momento…así que recupero de nuevo Siddhartha de mi “amigo” Herman Hesse, pues a él siempre le he entendido mejor. Tal vez es normal que después de cuarenta años aún este demasiado occidentalizado, pero sólo os puedo decir una cosa;

Uno decide su camino, pero no donde lo empieza...


viernes, 28 de octubre de 2016


Llegando a uno más de muchos sitios

No sé si importa el sitio donde esté, al fin y al cabo, las llegadas siempre son iguales; desembarques, desorientación, intercambio de monedas, sacar la VISA de turno y como no esa salida aturdida a una gran calle en donde te esperan multitud de transportes que con la mejor de las sonrisas te invitan a llevarte allí donde quieras.

De nuevo te encuentras en una capital de un país, en donde es difícil distinguir una personalidad propia del mismo. Buscas olores y contrastes que te permitan tomar en consideración aquello que tienes enfrente, pero la estúpida búsqueda de la racionalidad humana lucha por limitarte a ver las cosas materiales que la rodean. Pues desgraciadamente la conexión emocional ha sido progresivamente negada por los hombres que van depositando en la razón y en la tecnología las únicas claves de su poder.

Es así como me doy cuenta que aún no consigo ser un niño; un niño para poder volver a saber oler, tocar…en definitiva, para sentir; pues mis ojos estúpidos buscan y rebuscan sobre lo conocido para notar que son algo en aquel mundo que les rodea.

De nueva la estúpida necesidad de encontrar hechos que me sean familiares para tal vez sentir que no estoy tan lejos de nada, se convierten en un modus vivendi que acaba liquidando las ansias de aventura y que me hacen ver poco más que ciudades globalizadas.

Ciudades globalizadas en cuanto a forma; veo coches, calles y un conjunto de cosas materiales que no me dejan ver más allá, de manera que me acaban reiterando lo vivido en los días anteriores.

La sociedad de la información nos acaba inundando a todos de unas mismas intenciones y tan solo nos quedan ciertas tradiciones que nos sirven de excusa, para poder sentirnos con cierta personalidad propia y es allí donde quiere llegar uno cuando viaja.

Pero de momento sigo viendo coches, calles y un conjunto de cosas materiales… y si se me fijo bien, veo también gente que anda arriba y abajo hacia un rumbo que tal vez ellos conocen.

Al cruzarme con ellos me intento comunicar, pero hablan otra lengua…tal vez tengo que aprovecharme de ello, pues en nuestra capacidad de comunicación no existirán los verbos que hacen alusión a los estados mentales como pensar, decidir, creer, dudar, equivocarse

Pues tal vez es así como finalmente podré volver a las primeras etapas de mi existencia, y podré dedicarme a explorar el mundo con los sentidos, podré dirigirme hacia el exterior; hacia lo que puedo ver, tocar, oler o saborear, cualidades que se han ido mermando a medida que han pasado los años. Tal vez esta se convertirá mi ciudad sin sueño…

Fin de trayecto, una cúpula blanca es coronada por unos ojos que me clavan una plácida mirada allí donde este. De momento no puedo decir nada más, solo puedo ver un cartel en donde se lee “Boudha Stupa”, Kathmandu, Nepal.



lunes, 24 de octubre de 2016

Viajar es siempre un volver a nacer…

A veces las cosas cambian, es lo que tiene vivir al día. Pues un día estás aquí y al otro tal vez sigues estando sin saber por qué, en el mismo sitio. Hoy me doy cuenta que justo hace dos años tenía que coger un vuelo a Chile para continuar mis aventuras o desventuras por allí donde me apeteciera respirar. Tenía que seguir contando cosas interesantes o no por allí donde pasara, pero en ese momento decidí que era momento de seguir contando cada uno de mis pensamientos a quien decidía también quedarse a mi lado.

Tal vez la decisión más bonita que he tomado nunca y de la que me siento más orgulloso. Dejar algo por amor le ayuda a uno a sentirse vivo y sin lugar a dudas volvería a hacerlo aunque tuviera los ojos abiertos.

Han sido dos años diferentes en los que tal vez no he contado cosas y me las he guardado para mí y para quien tenía a mi lado; pues a veces la intimidad emocional es estúpidamente necesaria para seguir pensando egoístamente que aún nos queda algo que sólo es nuestro.

Puedo decir que han sido dos años increíbles vividos en gran parte en Barcelona exceptuando esos meses en que cruzamos hacia las Américas para vivir el sueño americano de un Road trip que cubrió ese Texas-California cargado de buenas intenciones.

Pero sin saber porque, a veces las cosas se acaban; tal vez porque llega un momento en que ya no sabemos si pensamos más con la cabeza o con el corazón, tal vez porque pensar se vuelve un suicidio para la pareja.

Los últimos meses se han llamado “Port de la Selva”, pues todo pasa por algo en esta vida; las casualidades nos las inventamos cuando no queremos reconocer la realidad de las cosas.

Estos últimos meses han sido meses que se acercan al clásico comentario de “reencontrarse con uno mismo”. Allí sólo me quedan agradecimientos hacia una nueva familia y como no, a aquellos que nos coincide más que un nombre en su partida de nacimiento.

Hoy es día 24 de Octubre de nuevo y siento que me tengo que ir. No sé si soy valiente o cobarde, lo único que sé es que en cada viaje empieza una nueva vida. Tal vez es la necesidad de volver a ser niño para dejar de preguntarme si lo que hago es realmente lo que quiero y deseo hacer. Tal vez es la necesidad de poder volver a explorar el mundo con los sentidos; hacia lo que podemos ver, tocar, oler o saborear; algo que parece que una Barcelona gris ya hace tiempo que ha olvidado…

La nueva aventura se llama “Asia”, pues a uno ya le apetecía cambiar de continente. Dejo atrás grandes recuerdos; pero uno no quiere vivir con el castigo de no poder quitar la palabra “amor” del lugar del desencanto.

La vida es maravillosa si uno lo quiere, el amor puede ser fácil y simple: tan sólo hace falta quererse a uno mismo. Así que empecemos con ello y solo de esta manera podremos seguir dando amor…

Can't we give ourselves one more chance
Why can't we give love that one more chance
Why can't we give love give love give love give love
Give love give love give love give love give love
Because love's such an old fashioned word…


Por suerte nunca habrá un último baile si queréis, pues vosotros decidís cuando empieza uno de nuevo. Quitaros la presión de encima… y seguir dando amor.